Las empresas, por lo general, no escuchan lo que dicen los usuarios sobre ellas en la web. Puede ser un error. Los blogs hablan honestamente y pegan en serio. Los candados Kryptonite, por ejemplo, sufrieron la cólera bloguera, los invulnerables candados Kryptonite, en Estados Unidos, conocieron un asesinato de marca.
Una mujer descubrió que podían abrirse fácilmente con un lápiz de plástico. Un amigo le grabó el video, lo subió a YouTube y la tormenta se desató. 10 millones de dólares en pérdidas fue el saldo final, hasta que lograron neutralizar la oleada de críticas.
The Economist tildó a estos bloggers que transmiten sus malas experiencias como una nueva raza de asesinos. En la blogósfera, en cambio, son vistos como personas que alertan a tiempo de un error en un servicio o producto. Un error -o accidente- del que nadie está libre. Al fenómeno se lo conoce como blogstorm (algo así como una tormenta de blogs), y funcionan como verdaderos golpes en la cara para las empresas.